El negro sol de la melancolía

Alvar Carrillo Gil, José Clemente Orozco, Gunther Gerzso, Maurycy Gomulicki, José Antonio Hernández, Vasily Kandinsky, Perla Krauze, Alejandro Montoya, Luis Nishizawa, Diego Rivera, grupo SEMEFO, David Alfaro Siqueiros, Boris Viskin, Beatriz Zamora
07 Dic 2019
10 Ene 2021

En una noche oscura, a la más secreta hora, en el minuto más quieto, cuando ni los astros giran en el cielo y la nube que los cubre no da un paso, y en el fondo del pozo extingue su luz la luna, cuando enmudece el grillo, cuando ni las maderas crujen, ni crepita el fuego ya sosegados sus carbones, ni chisporrotea la agotada lámpara, ni aún el agua atreve gota, ni el viento tañe las hojas de las ramas, ni cae el fruto, cuando el abrazo de los amantes aún no se desata mas no son ya sino dos sueños paralelos, y tan ausentes el uno del otro como en los sueños de los desconocidos, y la cría por nacer no nace, y el recién nacido no llora, y el moribundo no muere ni se agita ni tose ni mejora mas halla breve tregua pues en aquel instante ni aun la muerte mata, y cesa el mosco de aguijonear insomnios y henchido de sangre reposa satisfecho cerca de una desnuda y rendida espalda lo mismo que la pulga, entre una estrofa y la siguiente, entre un momento y otro, cuando el tiempo es pausa y en el reloj las manecillas demoran un minuto el segundo, y tarda un codo la pulgada, en sigilo y en silencio, hacia otra noche aún más oscura.  

Luis Felipe Fabre  

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Epílogo  

El negro sol de la melancolía toma su nombre de un fragmento del poema “El desdichado” de Gerard de Nerval (París, 1808-1855): 

Yo soy el viudo, el tenebroso, el sin consuelo, 

el príncipe de Aquitania, el de la Torre Abolida. 

Mi única estrella ha muerto, 

y en mi laúd constelado 

brilla el negro sol de la Melancolía. 

La exhibición establece un procedimiento, sencillo e infinito, para mostrar las obras de la Colección Carrillo Gil que consiste en acompañarlas por textos e imágenes de variada proveniencia que se encuentran adheridos a los muros y que sugieren conexiones por similitud o diferencia, ofrecen líneas de fuga para pensar las obras, sirven a modo de ecos y proyecciones, sombras de sus significados e incluso negaciones. El negro sol de la melancolía es una muestra de mecanismo doble: visual y textual. No procura, entonces, ofrecer una lectura disciplinaria de los objetos artísticos ni propone meramente una temática: desea provocar una sensación y un estado anímico; desobjetivar las obras para que su presencia devenga la imagen de una falta: construir una máquina de hacer fantasmas.  

El método de elección de las obras y los textos puede considerarse caprichoso y acaso cromático. Privilegiamos la subjetividad con miras a provocar esa pretendida melancolía. Las obras, además, en el colmo del animismo, fueron también escogiéndose a sí mismas y colocándose en el espacio. Otras veces, continuando esta tendencia de no ser nosotros quienes determinásemos todo, convenimos en hacer partícipes a diversos oráculos y encomendarnos a su consejo. Preguntamos, entonces, al Libro de las mutaciones si era propicio establecer un diálogo entre la filosofía especulativa y el marxismo en la obra de Diego Rivera; o si determinada pintura de Siqueiros alineada a cierta otra de Orozco podría generar tristeza en quien las mira. Preguntamos también a los arcanos y quemamos caparazones de tortugas para descifrar los signos y sus designios.  Y tuvimos presente la conjunción de Saturno, el negro sol, con Plutón en Capricornio, que a decir de los astrólogos marcará el año 2020.  

Ocurre que, a través del mecanismo propuesto, las obras exhibidas se vuelven parte de un océano de significantes. Dejan, las obras, de obedecer a la intención del autor y de referir a las problemáticas sobre las cuales quiso versar, aunque sin dejar de remitir a su origen. Esos objetos –que han conquistado autonomía– sirven ahora también para ser usados y generar ideas, formas y conceptos lejanos de los que parecían proponer.  

Esta muestra es el primer ejercicio que el MACG propone para realizar lecturas a la colección que el museo custodia –de un año de duración–, para las cuales convida a curadorxs invitadxs de distintas procedencias y disciplinas con el ánimo de ofrecer insólitas, atípicas y fértiles aproximaciones al acervo. 

Mauricio Marcin Álvarez


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