Otros libros. Homenaje a Armando Saénz

07 Dic 2019

La inclusión de los libros como forma artística aparece desde las vanguardias en el siglo XX, cuando los artistas se dieron cuenta de las posibilidades que un impreso ofrece para un emplaza-miento visual acompañado de un texto, es decir, cambiar las reglas y explorar la visualidad de la página. En los años setenta la proliferación de usos distintos del libro y de la relación texto-imagen estableció una categoría totalmente independiente que ahora llamamos “libro de artista”. La década de los ochenta fue un momento de proliferación de este tipo de ediciones en México y Latinoamérica, producto de la disidencia y una creciente politización del quehacer artístico.

Conocí a Armando Sáenz en la Escuela Nacional de Artes Plásticas cuando estudiaba la carrera de artes visuales y trabajó conmigo como museógrafo en el Departamento de Difusión Cultural. En 1983 hicimos una de las primeras exposiciones de los libros de artista mexicanos. Yo ya había organizado el envío que se hizo para la XVI Bienal de Sao Paulo curada por Walter Zanini en 1981, y me parecía importante que ese trabajo pudiera verse en la ENAP. Ahí Sáenz encontró su vocación como productor y editor. Ese mismo año junto con Yani Pecanins y Gabriel Macotela, Sáenz inauguró El Archivero, un espacio dedicado exclusivamente a este tipo de producción, y luego, ya trabajando en el Museo de Arte Carrillo Gil, abrió las puertas a que los libros de artista estuvieran presentes en el acervo del Museo. Esta colección que se presenta como parte del proyecto de la Librería MACG da cuenta de la energía que hubo en los años ochenta alrededor de la labor editorial con grandes figuras, como son Felipe Ehrenberg y Ulises Carrión.

La primera activación de este espacio inicia con un homenaje a Armando Sáenz y ofrece una mirada histórica sobre las coincidencias y diferencias que existen en la producción editorial planteada desde la perspectiva de lo que Ulises Carrión llamó El arte nuevo de hacer libros, lectura obligada para hacer una comparación con ejemplares editados por Ediciones Acapulco y La Duplicadora. Los proyectos de ambas editoriales han bebido de las estrategias que los libros de los años setenta abrieron dentro de las relaciones entre imagen y texto, apropiación y tipografía, para que cada edición sea un espacio expositivo y performático.

El diagrama que Clive Phillpot, fundador en los años setenta de la colección de libros de artista del Museo de Arte Moderno de Nueva York, realizó para distinguir libros-obra de libros-objeto, así como libros múltiples de libros únicos, nos sirve como mapa para localizar las diferentes tipologías y situar las categorías que propongo:

A) Libros derivados de los talleres de gráfica tradicional

B) Literatura y visualidad

C) Proyectos colectivos

D) Libros sobre género e identidad

E) Fotolibros

F) Libros participativos

G) Libros derivados de la estética

Como pieza central de esta clasificación se propone el libro Un viaje en Zeppelin de Yani Pecanins –una de las obras más importantes de los años ochenta. Se muestra la edición original y la que editó La Duplicadora en 2017, misma que juega con su nombre y replica esta obra que resume una época. Las ferias de ediciones independientes, los proyectos editoriales, la experimentación entre imagen y texto siguen siendo parte de un fenómeno que nos exige revisar las direcciones para construir un espacio alternativo de exposición y posicionamiento dentro de un lugar como es el libro de artista.

Magali Lara


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