Pos’ se acabó este cantar

Ana Segovia
24 Abr 2021
08 Ago 2021

En el México posrevolucionario, aún con las heridas sin cicatrizar después del conflicto civil y bélico, surgió la imagen del charro; si bien ya existía como representante del oficio ranchero o practicante de la charrería, hacia los años 40 del siglo XX se pretendió convertirlo en figura de conciliación social. Esta operación fue respaldada por una boyante industria cinematográfica. 

Procurando una rápida aceptación entre el público, el charro enaltece conductas y arquetipos masculinos. Su figura delata lo mismo nobleza y honestidad, que altanería y autoritarismo. El charro representa al buen amigo, al cantante, al hombre hipermachista que gusta del trago y las mujeres de a montón. Encarna al carácter recio, de pocas palabras y sin temor al duelo, ya sea de puños o con armas. 

La relevancia que tiene el periodo de producción cinematográfica conocido como la época de oro del cine nacional en la formación de la identidad “mexicana”, con la consecuente serie de normas y estereotipos que se han ido fijando en el imaginario colectivo respecto a las expectativas del actuar masculino y las maneras en que éstas siguen vigentes en nuestra formación emocional, es la materia de especulación de Ana Segovia (Ciudad de México, 1991) para este proyecto. 

Pos’ se acabó este cantar reinterpreta pictóricamente fotogramas de filmes como “Allá en el Rancho Grande”, o “Los Tres García”, haciendo dialogar a la cinematografía con la pintura en una suerte de cabaret rosado que incluye la proyección del cortometraje en el cual Ana Segovia se apropia del traje charro, que versiona a su paleta de color lejana de la tradición y usanza casi ritual de la charrería. Los trajes charros son vestidos por un par de protagonistas que transgreden el género convencional de la indumentaria. Con una narrativa sencilla logra un paralelismo entre el cotidiano y la repetición de patrones que van decantando en el desgaste y la fractura de lo establecido, o dicho de otro modo, en el entredicho e inflexión del momento actual, un momento en el que la figura y el constructo aspiracional del macho, ahora en crisis, conflictúa íntimamente a quien presuponía beneficiar. 

Tomás Pérez González 

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