[Transición fundido a blanco] Enrique López Llamas

La enfermedad y la salud, opuestos que no necesariamente se complementan pues el uno existe idealmente sin el otro, son dos mundos que se observan a la distancia para saberse existentes. El enfermo se reconoce como tal por compa- rativa con el sano, y con su propia sanidad y viceversa en la diferenciación de la normativa rota, dando pauta a poco entendimiento entre ambos, pues a fin de cuentas nadie puede sentir lo que le es ajeno.

A raíz de un suceso en su entorno familiar, Enrique López Llamas (Aguascalientes, 1993) plantea el presente proyecto en el que semblantea el mundo de los padeci- mientos crónicos de la mente y la relación de quien los padece –y de quien no– con el estigma, la banalización, el fetiche y el poco o nulo diálogo que propicia empatía entre el paciente y su entorno. Para esto, propone una instalación en la que los elementos rememoran el mito de la caverna de Platón, ese mito en que percibimos la realidad desde una cueva y las sombras que se proyectan desde el exterior a través de una mirilla de luz, suponiendo entonces que lo que se ve (las sombras) es lo real, cuando apenas es una parte mínima de ésta.

Es por medio de una mirilla que nosotros, interpretando el papel de sanos desde nuestra cueva, observamos bailar a un personaje que convive y sobrevive a un padecimiento de la mente, absorto en su mundo con los audífonos puestos y donde sólo él sabe lo que resuena en su cabeza. Desde nuestra caverna, la enfer- medad se reduce a su tratamiento: el paisaje en la sala de exhibición reverbera la viñeta de una caja de flouxetina y sobre el muro descansa un mueble represen- tando el empaque del mismo fármaco replicando la altura del personaje que aparece en la mirilla, y que él ha consumido como parte de su tratamiento. Todo pintado con molienda de pastillas de este antidepresivo, como la resonancia en que convertimos al individuo: paisaje, acción, nudo, desenlace, y el reduccio- nismo con el que se mira desde el privilegio cuando se es ajeno a un padeci- miento. Paráfrasis que, cabe señalar, no sólo aplicaría a la enfermedad, sino a la incapacidad de ponernos en los zapatos del otro.

El título de la muestra deviene del nombre de la indicación cinematográfica en que se funde la pantalla a blanco para pasar de una escena a otra, y que en algunas ocasiones es la pauta con la que se concluye el film, siendo este un final ambiguo, un final que abre la puerta a la posi- bilidad que da un nuevo comienzo. El título hace pensar entonces en el paciente que aún no tiene un desenlace resolutivo o condenato- rio, pero también en el encandilamiento y las posibilidades que se abren al salir de nuestra cueva.

Tomás Pérez

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