En el estudio: Kashé & Shirotta

Isabel Sonderéguer

Hace unas semanas nos reunimos con Ranchito (Roxana Rodríguez Andrade; Puebla, 1993) y Lila Pesadilla (Ilse Monroy Sarmiento; Ciudad de México, 1996) para que nos platicaran tanto de sus proyectos individuales, como de aquello que han desarrollado en conjunto en Kashé & Shirotta. Simplemente con verlas es posible intuir los intereses y cuestionamientos que permean toda su producción: frente a la vestimenta gris y negra que llevábamos Tomás y yo, ellas lucían un estallido de colores en su ropa y maquillaje, así como accesorios llamativos en el pelo. Pudimos dilucidar, por la manera misma en la que se presentaron ante nosotrxs, la intención de romper con las categorías de género, el performance del vestir, la relación con lxs cuerpxs, la influencia de la infancia y la cultura pop.

Entre risas y los nervios de conocer a alguien por primera vez a través de una pantalla, empezamos a platicar. Kashé & Shirotta fue fundado en el 2018, cuando Ranchito y Lila Pesadilla se encontraron en la escuela, con la intención de explorar el diseño de vestuario, así como el aspecto performativo del vestir, partiendo del principio de que vestirse es un actohumano básico, construyendo y representando con eso una identidad, una forma de ser. Aunque quizá más que encontrarnxs portando telas, sean estas las que nos portan a nosotrxs.

Su práctica se ha visto siempre marcada por procesos afectivos y empáticos: el trabajo  en colectivo, la colaboración con amigxs, la exploración de los vínculos que se crean con lxs  demás desde la ropa y lx cuerpx. Se desarrollan en un espacio entre la acción y el diseño de  moda, enfatizando la cualidad teatral y performática del vestuario. Su obra se encuentra  también en un punto de tensión entre la realidad y la fantasía, buscando incomodar ideas  impuestas y deconstruir las ficciones de género creadas a partir de los objetos, la cultura visual,  la cultura popular y el lenguaje. Kashé & Shirotta es, finalmente, un proyecto de ropa no-binaria,  apostando por diseños sin género y que se adapten a todo tipo de cuerpxs. 

Empezaron a explorar las dinámicas colectivas que se crean al interior de la fiesta y los  espacios de juego. En su trabajo, el vestuario es utilizado como objeto de discurso. Iniciaron  interviniendo ropa con bordados y componentes de colores, reuniéndose con sus amigxs en  parques o jugueterías con la intención de visibilizar el aspecto lúdico y colectivo del vestir. Así  fue como empezaron a crear sus propios vestuarios y a interesarse en su relación con el espacio  público.  

En 2019 realizaron Fortuna, en colaboración con lx colectivx curatorial nohacernada. La  intervención consistió en una pasarela al interior de los vagones del metro de la línea 12. Se  trató de un evento marcado por lo efímero y azaroso de encontrarse en ese momento en el  transporte. Lo que ambxs colectivxs buscaban era irrumpir en el espacio público, en la vida 

cotidiana de aquellas personas que estaban en ese momento en el vagón y se tropezaron con  un desfile de moda. La acción buscó explorar la relación que mantenemos con el espacio  público a partir de la ropa que vestimos. Siguiendo con este aspecto íntimo que tiene su  práctica, las integrantes de Kashé & Shirotta diseñaron toda la vestimenta a la medida y a partir  de las características particulares de cada uno de sus modelxs. Buscando alejarse de los  estereotipos de belleza de las pasarelas y la moda, lxs participantes de la obra reflejaban la  diversidad corporal que existe en el mundo. 

Desde este momento se repite una búsqueda, una interrogante en su obra: cómo se  habitan lxs cuerpxs, el espacio y la colectividad a través del vestuario, esa piel de contacto con  el mundo exterior. Existe, finalmente, algo eternamente colectivo en el acto de vestir y la  construcción de identidad que conlleva, ya que es viéndonos entre nosotrxs que imaginamos y  encontramos nuevas posibilidades de ser. El vestuario tiene la potencia de cambiar la forma en 

la que percibimos nuestrx cuerpx y cómo interactuamos con lxs demás. La ropa no es  únicamente un instrumento para representar lo que se encuentra al interior, sino que da pie a  que nos reconfiguremos constantemente. Lxs cuerpxs se ven continuamente inventados y  reinventados por lo que vestimos: las telas construyen siluetas y posibilitan ciertos  movimientos. 

En su producción hay una constante presencia del collage digital que divulgan,  principalmente, a través de Instagram. Así, activan los vestuarios más allá de la pasarela. En  ellos exploran elementos de ficción a los cuales sería difícil adentrarse en el mundo material y  tangible. Tomando como punto de partida los vestuarios que han diseñado, crean  escenografías fantasiosas e irreales. Así, el textil se convierte en realidad en un paisaje  completo, que les permite adentrarse en el aspecto anímico y emocional del vestir.  

Una transición extraña, en colaboración con Rozy, se inspiró en la saturación visual y  cromática de diversos mercados de la ciudad. Cada una hizo seis vestuarios que luego fueron  presentados en Topo. El interés principal de esta obra fue la exploración del acto performativo 

del vestuario, y su relación con lx cuerpx, a través de la fiesta. Al mismo tiempo, ahondan en las  interacciones que se pueden crear entre personas a partir de la ropa, en las complicidades e  intimidades que se generan con ella en los espacios festivos y alejados de la norma. Siguiendo  el aspecto afectivo y fantasioso que permea toda su obra, Ranchito y Lila Pesadilla inventaron personajes con sus diseños textiles, tomando como punto de partida a cada uno de sus  modelxs.

En su obra realizan también una exploración de la infancia, cómo la percibimos y de qué  manera se construye con ella nuestra identidad. En Infancias futuras colaboraron con Valeria  Terán, Ruben Gil, Fernanda Hernández y Valeria Yunes, alumnxs de la Escuela Activa de Fotografía. Para este proyecto crearon en conjunto varias fotografías que contenían distintos  relatos en su interior. Las historias se basaron en los elementos que interesan a Kashé & Shirotta: íconos de la infancia, la fiesta, escenarios fantasiosos e imposibles. Ambas artistas  concuerdan en que tenían un deseo de explorar la niñez, reflexionando por un lado sobre los 

componentes específicos de la infancia noventera, que hasta el día de hoy dan forma a su  identidad y práctica, y, por otro lado, lanzar una interrogante de cómo podrán ser las infancias  en un futuro.

En sus prácticas individuales se reflejan y entretejen preocupaciones similares a lo que  realizan en colectivo. Ranchito define su trabajo individual como una unidad de fantasía y se  interesa ampliamente en la ficción y el mito, específicamente en la construcción narrativa del  viaje del héroe. A partir de ahí, busca deconstruir las categorías de género, convivencia social y  juego que fueron adquiridas en la niñez.

Lila Pesadilla trabaja con el juego y la infancia, explorando con eso sus miedos y  fantasías, así como la idea del recuerdo y la memoria. Trabaja reiteradamente con la visualidad  de la fiesta infantil de cumpleaños, así como con su aspecto efímero. Intenta crear vestuarios  que contengan múltiples universos e historias y que le permitan explorar la relación afectiva y  emocional con el textil. 

A partir de esos elementos buscan desmontar las categorías y ficciones que fueron  impuestas a nuestrxs cuerpxs a través de la industria cultural. Crean personajes que cuestionan la normatividad, las categorías binarias de género y los modos de vestir. A partir de la  colectividad, buscan romper con lo cotidiano, y las dinámicas afectivas que se generan en la  convivencia entre lxs cuerpxs. Su intención es dar espacio a la diferencia, abrazarla y recibir con  cariño a aquellxs que se han sentido reprimidxs. Consideran que a través del vestuario se puede  construir una nueva manera de relacionarnos con nosotrxs mismxs y con lxs demás. El proyecto  de Kashé & Shirotta convierte la distinción entre el arte y la moda en una cosa antigua; aunque  quizá podríamos decir que no se trata en realidad de ninguna de las dos, sino de una transgresión que plantea preguntas, más que respuestas, sobre qué es el vestir y las  problemáticas que lo permean. 

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